Hasta la mitad del siglo veinte, Argentina era conocida en el mundo por su capacidad exportadora agrícola, en momentos en que el Viejo Mundo sufría dos guerras mundiales y el hambre arrasaba con todo. Luego todo fue cambiando. En la década del '50 apareció el deporte a través del automovilismo con Juan Manuel Fangio y sus cinco títulos mundiales de Fórmula Uno como tema central, hasta llegar al momento actual en el cual si uno está en la India y dice "Argentina", la respuesta inmediata que recibirá será “Maradona”.

Acaso sea el apellido justo para resumir todo lo que representa la esencia del fútbol argentino, ese que nació cuando aquellos criollos de comienzos de siglo que miraban de reojo jugar a los ingleses, comenzaron a hacer malabarismos con una pelota de trapo y le fueron dando a este deporte una identidad que, como el tango, sirvió para ir modelando el ser argentino.

Intuición, improvisación, creatividad, talento, fueron elementos comunes que surgieron desde el fondo del árbol sobre los que se construyó la nuestra, esa manera de jugar que diferencia al argentino y que el mundo comenzó a reclamar, porque en otros lados este tipo de clase no abundaba.

Ya en 1925 Boca Júniors pudo mostrar este fútbol incipiente durante la primera
gira de un equipo argentino por Europa. Lo siguieron San Lorenzo y otros, hasta que esta calidad se fue mostrando al mundo, luego de la primera emigración, sufrida tras la huelga en 1948. Se fueron a Colombia Adolfo Pedernera, Néstor Rossi y Alfredo Di Stéfano, entre otros. Y no tardaron en advertir su talento en España, para llevárselo al Real Madrid y ganar con él seis Copas de Europa.

Mientras al fútbol interno del país le faltaban competencias internacionales y los corredores de autos eran otra muestra del contenido épico del deporte simbolizados en el predominio de los hermanos Juan y Oscar Gálvez, los jugadores eran exportados por sus condiciones naturales, algo que se acrecentaría hasta llegar al nuevo milenio, en el que el fenómeno se encuentra elevado a la enésima potencia.


Luego del fracaso de Suecia en el Mundial '58, y de las insulsas actuaciones a nivel selección en Chile '62 y Alemania Federal '74, Argentina -que en el '30 había sido subcampeón de la primera Copa del Mundo jugada en Uruguay- levantó vuelo y logró los títulos del '78 y del '86.

 

Los logros de las últimas décadas, sumado a la explosión mediática, no ha hecho más que reavivar la llama del interés por obtener el concurso de jugadores argentinos, siempre con el sello de la calidad individual, que parece interminable. No hay lugar en el mundo donde no se valore su técnica y su efecto positivo para el espectáculo.

En otras ramas del deporte a nivel mundial, resaltaron las figuras del boxeador Carlos Monzón y de Guillermo Vilas.

La habilidad es la llave que ha abierto las compuertas para ingresar desde hace tiempo a España (Di Stéfano, Rial, Kempes...) e Italia (Angelillo, Maschio...), pero también a Francia (Bravo, Bianchi, Piazza, Alonso...) e Inglaterra (Ardiles, Villa, Sabella, Marangoni...) y a tantos otros lugares del mundo, donde el fútbol vibre y donde sea necesaria esa muestra de calidad diferente que le pueda brindar un jugador argentino que ha tomado la posta de los antecesores y a la técnica le ha agregado un profesionalismo indispensable para poder seguir siendo una marca registrada.